Con un ojo abierto y otro cerrado

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Bajas de un bus y verificas si tu celular está en tu bolsillo. Cruzas la pista corriendo aún cuando el semáforo está en verde para el peatón. Una persona se acerca a tu cola y crees que se va a meter. ¿Te resulta familiar? Así es, los peruanos vivimos estresados, preocupados, pero sobre todo, desconfiados.

Sandro Venturo, sociólogo de profesión, comunicador de oficio y autor de libros que explican fenómenos sociales, nos brindó tres teorías que podrían explicar la desconfianza natural del peruano.

La primera teoría hace referencia a que fuimos la capital del virreinato, por lo que estuvimos rodeados de ciertas costumbres relacionadas a las cortes. ”Han visto películas donde alrededor de los reyes hay estas luchas por el poder, ¿no es cierto?, bueno, Lima era eso”, sostuvo Venturo.

La segunda teoría está relacionada a la precariedad de nuestras instituciones. “Nadie puede sentir que exista una institución a la cual podamos recurrir para buscar justicia”, asegura Venturo. Por lo tanto, los peruanos nos sentimos desprotegidos y estamos a la defensiva.

Ahora, si confiar en las instituciones resulta casi imposible, lo único que queda es confiar entre nosotros. Sin embargo, la discriminación nos quita la armonía que se necesita para vivir con un sentido de colectividad.

“Vivimos en una sociedad sumamente discriminatoria, racista, con mucha desigualdad, donde el que tiene más dinero, va a abusar del que no lo tiene”, nos indicó el sociólogo.

Según la firma calificadora Moody’s, nuestro país tiene estabilidad macroeconómica, una administración fiscal precavida e instituciones económicas sólidas. Incluso la tasa de desempleo bajó en 0.2% según el INEI. No obstante, los peruanos adoptaron como mantra la frase “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”, pues cada uno vela por sus intereses pasando por alto las necesidades en común.

Sumado a esto, Wilfredo Ardito, abogado y activista especializado en temas de discriminación, nos explicó un poco más sobre la discriminación: “los peruanos aplicamos primero el colorómetro y luego el fashionómetro. De acuerdo a eso, una persona puede ser considerada como sospechosa”.

Al final, si sumamos nuestras raíces coloniales, la precariedad de las instituciones y la discriminación, obtenemos un país partido y desconfiado. “Esto es una especie de círculo vicioso en que desconfías y la realidad te dice que haces bien en desconfiar”, aclaró Venturo.

Por ello, hay que recordar que la desconfianza no es un “defecto genético”, es solo un reflejo de nuestra historia y de nuestras costumbres.

[LA DESCONFIANZA EN LA POLÍTICA]

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